Pernille Harder: La realidad detrás de los números

Actualizado: 9 nov 2020

Por Adriana C. Espinosa


En días recientes, la entrenadora actual del Manchester United, Casey Stoney, señaló que el fútbol femenino no se encontraba listo para exigir una igualdad de salarios respecto al fútbol varonil. La noticia, por supuesto, fue mal interpretada por algunos medios al considerar que el balompié femenino no tiene el mismo valor que el masculino. Sin embargo, las palabras de la directora son claras: Stoney considera que es imposible exigir un salario igual entre hombres y mujeres mientras el fútbol femenino no cuente con los recursos necesarios, es decir, con una buena inversión económica. En este sentido, el argumento que considera al fútbol femenino como un negocio no rentable, es inválido cuando en la mayoría de los torneos (femeninos) existe un rezago financiero considerable, lo cual impide un desarrollo y crecimiento tanto económico como deportivo. No obstante, como prueba de lo que una buena inversión puede generar, existen algunos equipos y ligas - incluso empresas -, que continúan apostando por el fútbol femenino. El caso más reciente es el del fichaje de la danesa Pernille Harder, por el que el Chelsea pagó la cantidad de 350 mil euros, una cifra con la que los blues superaron su propio récord después de la contratación de Sam Kerr.


Via @ChelseaWFC
Pernille Harder es presentada por Emma Hayes, la DT del Chelsea Womens

Si comparamos los fichajes de los jugadores con los de las futbolistas, nos daremos cuenta de la gran diferencia entre una rama y otra, sin embargo, el traspaso de Harder al Chelsea es síntoma de un cambio paulatino, pausado y regresivo por momentos, pero constante. El hecho de que Harder haya decidido apostar por un proyecto como el que ahora dirige Emma Hayes no es casualidad y es que, la FA Women’s Super League ha tenido un crecimiento importante en los últimos años. Para contextualizar esto, es importante tener en cuenta la situación del resto de ligas, específicamente las europeas. Comencemos por el calcio, la Serie A Femenina, donde el salario máximo de una futbolista no supera los cuatro mil euros al año; considerada un torneo para aficionadas y que no será profesional hasta la temporada 2022 – 2023. En España, las jugadoras de la Liga Iberdrola tuvieron que presionar a la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) para establecer la fecha en que tendrá inicio el torneo. El comunicado mediante el cual las futbolistas expresaron dicha inconformidad es prueba suficiente para demostrar la terrible situación que atraviesa el fútbol femenino; incertidumbre laboral, liga no profesional y, ante la pandemia por COVID-19, falta de protocolos sanitarios.


En cuanto a la Frauen-Bundesliga (de donde procede Pernille Harder) aún con un alto nivel de fútbol, la situación de las jugadoras no es la más óptima. Alemania ha sido referente durante mucho tiempo en el fútbol femenino pues, contrario a la historia reciente y antes del dominio francés, fueron el FFC Frankfurt y el propio Wolfsburg los equipos dominantes en Europa. Sin embargo, pese a las grandes figuras y jóvenes promesas que guarda la liga alemana, es imposible competir hoy en día contra equipos como el Olympique de Lyon que cuenta no sólo con una galaxia de estrellas en su plantel, sino también con una inversión y una estructura envidiable. Mientras en Alemania el salario más alto se estima entre los 30 y 40 mil euros anuales, en el Olympique, la defensa Wendie Renard suma 348 mil euros al año, aunado a las compensaciones que el presidente de la institución, Jean-Michel, ha dejado claro que son cosa seria para el club. Por lo cual, no es sorpresa que el rendimiento y logros de las jugadoras sea mayor en Francia, donde el fútbol femenino parece estar más cerca de lograr la equidad.


Posiblemente el torneo alemán haya sido la mejor opción para Harder en su momento pero, la decisión por vestir de azul es sumamente comprensible ahora. La FA Women’s Super League ha sabido desarrollarse como un torneo atractivo, donde destacan el trabajo del Manchester United, Arsenal, Manchester City y Chelsea. Las Red Devils consiguieron ascender a la máxima competición en 2019 gracias a la apuesta que el club tuvo al contratar como directora a Casey Stoney, además de adquirir recientemente a jugadoras como la española Ona Batlle, y las bicampeonas mundiales Tobin Heath y Christen Press. El Arsenal ha buscado regresar a su más alto nivel apostando por futbolistas como la goleadora Vivianne Miedema y su compatriota Van de Donk, y es que las Gunners no llegan a una final en Champions desde 2007. Por lo que respecta a las Citizens, el grupo City Football ha invertido en las contrataciones de las estadounidenses Rose Lavelle, Samantha Mewis y, las inglesas, Alex Greenwood y Lucy Bronze, con quienes se espera repetir el título de liga. En cuanto al Chelsea, no sólo sabe pagar fichajes sino también un buen salario a sus jugadoras, como ejemplo la australiana Sam Kerr, quien percibe más de 700 mil euros anuales. Las Blues sumaron su tercer título en liga, se coronaron campeonas de la Copa y recientemente alzaron la FA Community Shield, por lo que la proyección del club es ampliamente optimista.


Vía @ChelseaWFC
Sam Kerr, había sido el fichaje más caro de las blues

Sí, el fútbol femenino continúa creciendo pero, también persiste la necesidad de una mayor y mejor inversión. ¿Cómo esperar que jugadoras, clubes y competiciones sean remunerables si no se les brindan los recursos y oportunidades precisos? Para esto se requiere un plano de equidad, en el que, sin importar el género, se pueda jugar, competir y demostrar lo que se vale. Tachar al fútbol femenino como inferior cuando no existen las herramientas para un desarrollo correcto, es lo mismo que esperar que un negocio (como lo es este deporte) crezca sin un solo centavo. Se perderá, quizá; llevará tiempo, naturalmente; valdrá la pena, no cabe duda, y si persisten las dudas, miren los números que se han obtenido con tan poco. Publicidad, infraestructura y salarios son los aspectos principales en los que se requiere de un apoyo económico para mostrarle al mundo lo que el fútbol femenino ya es: un espectáculo.


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