La vuelta al mundo: Migración en el deporte

Actualizado: 14 may 2021

Por Adriana Espinoza

De acuerdo con un estudio realizado por la Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, entre 1998 y 2001, se produjo un incremento considerable en el número de mujeres que emigraron desde Quito, Ecuador, hasta Madrid, España. No obstante, tal fenómeno no ha sido exclusivo de estos países, llegando a replicarse en diferentes latitudes del planeta. Dicha manifestación social (la migración de las mujeres) tiene su origen en tres aspectos: el género, el poder y la subjetividad. En primer lugar, hablamos del género como la suma de todos los factores que establecen un determinado modelo en la sociedad, concretamente, el de la mujer. Su papel en el núcleo familiar como hija, esposa o madre, ha conllevado la migración no solo de la persona, sino también de sus funciones, haciendo de su rol uno de carácter transitorio que se mueve según lo demanda el entorno social.


Por otro lado, el poder se ha transformado en una estructura capaz de movilizarse de forma paralela a sus actores. En este sentido, el rezago cultural y económico ya no se limita a los Estados, sino que también genera una brecha entre los sectores de la población. De esa manera, mientras los hombres se veían beneficiados por los movimientos migratorios, que buscan el acceso a mejores oportunidades de empleo y desarrollo, las mujeres permanecían en su lugar de origen, usualmente, con múltiples carencias. Afortunadamente, como parte de la globalización, la información se extendió a una mayor cantidad de poblaciones, brindando un nuevo panorama a las mujeres. Al respecto, la subjetividad nos habla de las consecuencias que implica el cambio de residencia para el género femenino pues, no solo se trata de un nuevo ambiente, sino de valores y modelos distintos.


Esto último corresponde a una reconfiguración de género, algo que se denomina “proyecto de emancipación”, es decir, una forma en que las mujeres se alejan de los estereotipos de su lugar de origen. Así, una mujer que emigra de Etiopía a Italia, tiene la oportunidad de desligarse de las estructuras marcadas en su cultura, adaptándose a las de su nuevo entorno. Algo que se puede ejemplificar a través del deporte, cuando diferentes futbolistas han tenido que abandonar su país por carecer de un auténtico desarrollo deportivo o enfrentar situaciones adversas. En el presente, son más las mujeres que terminan emigrando a otros países en busca del sueño como futbolistas profesionales. Algunas como Nadia Nadim descubrieron su pasión durante su estancia en un campo para refugiados, mientras otras, como Asisat Oshoala, se alejaron de su hogar en busca de una oportunidad para crecer.


La nación del futbol

En la historia de este deporte, que a veces se confunde con la historia misma de la humanidad, han existido héroes que triunfaron ondeando una bandera distinta a la de su tierra de origen. Entre ellos se encuentran nombres como Marco Senna, Miroslav Klose, Diego Costa, y Nadia Nadim. Hija de militar, la originaria de Afganistán, pasó por momentos sumamente difíciles durante su infancia. La muerte de su padre en manos de los talibanes, la dejó a ella, su madre y hermanas frente a un panorama con pocas posibilidades. En un país donde las mujeres carecen de derechos, la familia de Nadim optó por migrar. Ayudadas por pasaportes falsos, lograron arribar a Italia, para finalmente refugiarse en Dinamarca, donde fueron recibidas en un campamento para refugiados. Fue ahí donde Nadim descubrió la calidez del futbol, un deporte en el que parecía no importar “quién eres, el color de tu piel o qué pasado tienes”. De esa forma, Nadim se enamoró del balón, al que ha mantenido muy de cerca desde entonces.

Nadia Nadim con la camiseta de Dinamarca

Sin embargo, para lograr el sueño del futbol profesional, Nadia tuvo que optar por la nacionalidad danesa, siendo éste el país que le brindó una segunda oportunidad, una que en Afganistán jamás pudo imaginarse. El resto ha sido un ganar y perder vistiendo las camisetas de diversos equipos, de quedarse a un paso de la gloria con Dinamarca, siempre con la cabeza en alto, sirviendo y luchando como la ídola en que se ha convertido. Una narrativa que, gracias al incremento de movimientos migratorios, podría convertirse en una constante dentro del deporte. Ejemplo de ello es Emerance, una joven cuya historia se dio a conocer en 2018 gracias a la agencia de la ONU para refugiados, ACNUR. La entonces adolescente de dieciséis años, compartió lo que un balón ha llegado a representar para ella: “cuando juego, me hace pensar en mi futuro”. Esperanza (después de todo, la esencia del futbol) que despierta sueños y alegrías, pero sobre todo, nos traslada a un lugar apartado de este mundo cada vez más violento.


El césped prometido

Mientras en 1998 un joven Didier Deschamps lograba el sueño de convertirse en campeón del mundo, una niña de la isla de Martinica comenzaba a soñar con aquel momento. Como a tantos franceses, aquel Mundial marcó irremediablemente a la que se convertiría en una de las mejores defensas en la historia contemporánea de nuestro deporte: Wendie Renard. Teniendo a Marinette Pichon como referente, Renard no se perdía ninguno de los partidos transmitidos de las Blues. Frente al televisor, la multicampeona a nivel clubes, estaba convencida de vestir aquella camiseta azul algún día. Todavía con dieciséis años, Renard viajó a Francia en busca de aquella promesa hecha, más que a su madre, a ella misma. Ya en el país galo, un primer rechazo en Clairefontaine la hizo titubear pero, luego del consejo de su entrenador, se presentó en Lyon para dar el primer paso hacia una carrera brillante.

Wendie Renard, seis veces campeona de la UWCL

Destino, coincidencia o suerte, lo cierto es que Wendie Renard apareció a las puertas del Olympique en un momento clave. El OL, después de absorber al FC Lyon, buscaba futbolistas para dar inicio a uno de los proyectos más sólidos en el futbol femenino. La hoy mundialista, además de cumplir con su promesa, se ha convertido en la One Club Woman más conocida del planeta, y por la que tantas mujeres se han sentido inspiradas para salir de sus casas en busca de sus sueños. Caso similar al de Asisat Oshoala, una delantera que ha alcanzado su mejor nivel futbolístico portando los colores blaugrana. Por supuesto, la vida de Oshoala cuenta con matices propios, que sirven para demostrar el choque de culturas que representa la migración. Si bien, Asisat no llegó a Europa a causa de la hambruna o violencia, como sucede en la mayoría de casos migratorios, la nigeriana tuvo que abandonar su zona de confort para crecer como futbolista.


Desde temprana edad, Oshoala se inició en el balompié, jugando a la hora del receso contra compañeros de su misma escuela. Más adelante llegaría la oportunidad de militar para el Rivers Angels, y aunque aquello generó discrepancias con su madre, tal oportunidad le valió a Oshoala ser convocada por la Selección Nacional. Posterior a su excelsa actuación en el Mundial Sub-20 de 2012, las ofertas llegaron desde Europa, eligiendo al Liverpool como su destino. Cabe señalar que, el idioma fue determinante pues, al saber únicamente inglés, Inglaterra parecía el destino más conveniente. Finalmente, tras un periodo en China, llegó a Barcelona, donde ha roto redes y estándares sociales. De familia polígama y musulmana, Oshoala ha sorprendido a la comunidad deportiva pues, no viste con la cabeza cubierta y ha recordado a una de sus madrastras fallecida dedicándole un gol. Actos que han permitido replantear los estereotipos alrededor de la cultura africana y musulmana, mostrando un lado más real y menos prejuicioso.

Asisat Oshoala, goleadora del Barcelona Femení

Hoy en día, la migración se ha convertido en un problema mundial pues, pese a seguir representando una oportunidad para millones de personas, la demanda de empleo ha rebasado los cupos de trabajo. Asimismo, la sobreexplotación de recursos ha impedido un desarrollo sostenible, que permita satisfacer las necesidades de la población global, llevando a muchas familias a desplazarse a diferentes ciudades. Al respecto, el deporte, desde hace más de dos décadas, se ha convertido en una opción para que hombres y mujeres superen las adversidades sociales, económicas y culturales de su país de origen. Son varios los motivos que llevan a las actuales futbolistas a migrar pero, entre todos ellos, existe uno que las reúne: la pasión por el balón. Porque esa pequeña redonda, esa simplicidad en el juego, esa libertad al correr por las canchas, es lo que nos permite olvidar el miedo, dejar atrás la duda, tomar el riesgo, apostar por un mañana y creer en un mejor porvenir. Una esperanza que une al deporte con la migración.


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