La cancha: Patrimonio del futbol

Actualizado: 8 feb 2021

Por Adriana Espinosa


Entre sus tantas líneas, el uruguayo Eduardo Galeano se refiere a la cancha como la memoria del futbol, el lugar donde se generan y albergan los recuerdos que marcan la historia de este deporte. Estadios como el Azteca o el Maracaná guardan entre sus pliegos de alfombra verde la imagen de ídolos, leyendas y enemigos del futbol. Nombres como Pelé, Maradona u Obdulio, están ligados irremediablemente a templos consagrados al arte de patear una pelota. Sin embargo, aún no existe un estadio que esté directa o absolutamente ligado al futbol femenil. En la historia reciente de nuestro deporte, los estadios de San Mamés en Bilbao, el Wanda Metropolitano en Madrid, e incluso el Estadio BBVA en Monterrey, han marcado récords de asistencia pero, ninguno ha servido como santuario para esta rama del balompié.


El estadio de todos

La identidad de un club se forja en la cancha, sirviendo el estadio como un recordatorio de lo vivido: derrotas, victorias, goles y nombres de quienes han escrito con letras de oro la grandeza de un equipo. Evocar estadios como el Camp Nou, Old Trafford o el Olímpico Universitario, es recordar las tragedias y hazañas de once jugadores, olvidándonos de lo conseguido por las futbolistas. De esta manera, Barcelona, Manchester United y Pumas parecen sufrir de amnesia, dejando de lado lo alcanzado por sus equipos femeniles. En el caso del conjunto blaugrana, poco se debería añadir cuando se habla de un equipo finalista de Champions, con jugadoras mundialistas y reconocidas en múltiples ocasiones. No obstante, los goles de Hermoso, los trazos de Putellas y el toque de Martens quedarán sembrados no muy lejos de Ciudad Deportiva, en el Stadi Johan Cruyff.


El estadio bautizado como el Ministadi, empezó su construcción en 2017, y aunque el Barcelona aseguró que el proyecto tenía como propósito brindar mejores instalaciones al equipo femenino, lo cierto es que estas cumplen también con otros fines. El Johan Cruyff en Catalunya, además de funcionar como estadio de local para el Barcelona Femení, igual lo es para el Barcelona B, Juvenil A y B. Asimismo, ha servido como escenario de algunos partidos de pretemporada para el primer equipo varonil, siendo esto último una prueba de que, aún cuando el Barça ha sabido invertir en el futbol femenino, todavía carece de una verdadera equidad entre sus escuadras. Mientras el equipo masculino se juega la clasificación a Champions para la próxima temporada en el Camp Nou, las líderes absolutas de la Liga Iberdrola comparten el césped con categorías inferiores, relegando su trabajo a un asunto secundario. Pese a todo ello, nos queda la esperanza que se encendió al ser anunciado que, el próximo 6 de enero, el cuadro de Lluís Cortés se presentará en el Camp Nou.


Camp Nou, Barcelona

El Leight Sports Village es un complejo deportivo, educativo y social con capacidad para doce mil personas. Un recinto que puede ser rentado para eventos múltiples como conferencias, bodas, o un partido de la FA Women´s Super League de Inglaterra. Pese a mantenerse como uno de los clubes más ricos del mundo, el United ha optado por rentar las canchas del Leight Sports Village para ser el “hogar” de las Red Devils. Por supuesto, así como en el caso blaugrana, el campo es también sede de los encuentros de las categorías sub-23 y sub-19 del equipo de Manchester. Sería imposible imaginar que, el césped donde Rashford o Fernandes marquen goles sea el mismo donde se juegue rugby por las tardes, pero ese es el caso de campeonas del mundo como Press y Heath, que ahora visten de reds y disputan partidos en una cancha que no representa la historia, colores y valores, que alguna vez infundía el United.


Asientos reservados

Otra narrativa en el futbol femenino es la de ciertos clubes que, si bien permiten a sus futbolistas competir en el estadio principal, solo lo hacen cuando se alcanza alguna fase final o no implica ningún contratiempo para el equipo varonil. El caso más cercano a nuestra realidad es el de las Águilas del América. En el marco de la celebración por los cien años del club, se construyó la Cancha Centenario No. 5, donde las Azulcremas disputan algunos de sus partidos, incluso aquellos en fase de liguilla. Aunado a las controversias legales, la Cancha Centenario puede cuestionarse por no contar con los mejores cuidados, siendo el césped tema de conversación. Mientras el Clásico del Futbol Mexicano (masculino) era motivo de horario estelar, el Clásico entre América y Chivas (femenil), tuvo que jugarse lejos de los reflectores del Azteca. Algo imposible de entender cuando los partidos se programaron en fechas distintas, y las futbolistas han demostrado tener una alta popularidad. Tan solo en 2018, la final contra Tigres disputada en “El Coloso de Santa Úrsula”, contó con más de 33 mil espectadores, mismos que no tuvieron que pagar por su boleto.


En la Argentina ocurre algo similar con dos de los equipos más importantes del país albiceleste. Por un lado, pese a su ejemplar desarrollo deportivo, el Club San Lorenzo aún tiene una deuda con las futbolistas pues, pocas han sido las ocasiones que el equipo femenino (primero en firmar un contrato profesional en Argentina) ha jugado en el estadio Pedro Bidegain. Acostumbrados a los partidos previos, se decidió que, en marzo de 2019, el clásico entre San Lorenzo y Huracán (femenino) se disputara antes del partido entre el “Ciclón” y Argentinos Juniors. Un guión que repitió Boca cuando “Las Gladiadoras” golearon al Lanús en un partido previo al de los “Xeneize” contra San Lorenzo en la rama masculina. Dos hechos trascendentes en el futbol pero que, no obstante, reflejan la mala costumbre de minimizar a las futbolistas. Los equipos femeninos no deberían jugar en el mismo estadio que los jugadores por algún motivo extraordinario, sino por el simple hecho de merecer el mismo trato y condiciones que su contraparte varonil.


Siempre de locales

Así como en México existen casos en los que las futbolistas disputan sus partidos de local en un recinto diferente al estadio principal, también hay clubes que han hecho sentir como en casa a sus futbolistas. Uno de esos casos es el de Tuzas, que a la fecha disputan todos sus partidos en el Estadio Hidalgo, donde incluso se celebró el primer episodio de aquella histórica final en 2017. El recinto es casa de Pachuca, sin excepciones ni limitaciones. Con una capacidad para más de 25 mil espectadores, el Estadio Hidalgo es testigo de las nuevas promesas del futbol mexicano con las fuerzas básicas sub-20, de los dramas y victorias del futbol varonil, y de la búsqueda por consagrarse como una de las instituciones más importantes en México, generando un espacio competitivo para las futbolistas. Una ilusión que se expande más allá de la cancha pero que nace ahí, donde rueda el balón. El Estadio Hidalgo es donde Mónica Ocampo ha inmortalizado su nombre, grabado en uno de los palcos del estadio y guardado en la memoria de la afición, mismo lugar donde Toña Is quiere sembrar una nueva ilusión.


Al otro lado del mundo, en el “Viejo Continente”, para sorpresa de nadie, el Olympique Lyonnais Féminin ha forjado su historia en el verde del Parc Olympique Lyonnais. Inaugurado el 9 de enero de 2016, el estadio conocido como Groupama Stadium, tiene una capacidad para albergar cerca de 60 mil personas. Su construcción implicó un gasto de 600 mil euros y, en su corta historia, ha sido escenario de grandes acontecimientos ¡y no hablamos precisamente de la final de la Euro 2016 o la final de la Europa League en 2018! En las mismas redes donde Le Sommer y Hegerberg se han encargado de imponer récords, Estados Unidos y Países Bajos lograron su boleto a la final en Francia 2019, además de disputarse en el mismo lugar la final más grande de la rama femenil. UEFA Women’s Champions League, Division 1 Femení y un Mundial, son las competencias que ha albergado este campo y donde, hasta que la plantilla del OL lo quiera, “Les Fenottes” seguirán conquistando títulos.


Después de todo la historia de un estadio es escrita por los jugadores e hinchas, tal y como anuncia Juan Villoro, razón por la cual no se puede (y no se debe) dejar fuera a las futbolistas de los templos construidos para la diosa pelota. Los coliseos modernos son más que simples construcciones destinadas al juego del balón, son monumentos, son memoria, son el recuerdo de la tragedia, del éxtasis, de la magia y de la gloria. Gestas y emociones que merecen no ser olvidadas, como la noche triste de Daniela Espinosa en el Azteca, la frustración de Rayadas en el “Gigante de Acero” y la gloria de Tigres en “El Volcán”. Porque futbolistas como Endler, Corral o Harder, merecen un anfiteatro a la altura de las obras que trazan con la esférica.


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